10 de diciembre. I was dreaming in my dreaming...


Estaba soñando, soñando que el Día Internacional de los Derechos Humanos no se acababa. Iluso de mí... La noche cierra y necesito un poco de fuerza para que el sueño no rinda las suyas al hastío, para no volcar en esta página otro vómito.

Recuerdo ahora a un muchacho que sólo Dios sabe, si es que existe, cuánto sufrió por ser diferente. Ahora es un hombre joven a quien he visto trabajar ayudando a otros. Recuerdo que nos dejábamos discos. Yo le prestaba, por ejemplo, cosas de comienzos de los ochenta: Echo and The Bunnymen, Killing Joke... Él, a cambio, me acercaba a los noventa con L7, Placebo o Hole. Hablando de la fascinación que le causaba Courtney Love, me preguntó si tenía algo de Patti Smith. Por aquel entonces, esta señora acababa de publicar Gone Again. El compacto, recién estrenado, y una caja que contiene los discos anteriores pasaron meses en poder de Guillermo. “Me he meado de gusto”, me dijo cuando me los devolvió.

En la caja de Patti Smith está Dream of Life. En Dream of Life hay una canción titulada “People Have the Power”. Es lo que me piden ahora las neuronas. Poco me importa que Smith apoyase a Obama en las elecciones del año pasado, aunque sería interesante saber qué opina ahora.




LA GENTE TIENE EL PODER

Estaba soñando, soñando
Con algo luminoso y justo.
El sueño se rompió,
Pero algo de él permaneció
En forma de valles brillantes
Donde se percibía el aire puro,
Y mis sentidos revivieron.
Me desperté gritando
Que la gente tiene el poder
Para redimir la obra de los necios.
Llueven gracias sobre los mansos:
Se ha decretado que la gente manda.

La gente tiene el poder...

Los aires de venganza cayeron bajo sospecha
Bajando la cabeza como si oyeran.
Los ejércitos dejaron de avanzar
Porque la gente estaba atenta.
Los pastores y los soldados
Yacían bajo las estrellas
Compartiendo visiones
Y dejando que las armas
Se convirtieran en polvo
Bajo la forma de valles brillantes.
Con mis sentidos renacidos
Me desperté gritando:

La gente tiene el poder...

Donde había desiertos
Vi fuentes
Cuyas aguas parecían crema.
Paseamos juntos por allí
Sin ridiculizar ni criticar.
Y el leopardo
Y el cordero
Yacían juntos abrazados.
Estaba esperando, esperando
Recordar lo que he descubierto.
Estaba soñando, soñando,
Dios lo sabe, una visión más pura.
Como me entrego al soñar,
Te confío mi sueño.

La gente tiene el poder...

...El poder de soñar, de decidir,
De combatir el mundo de los necios.
Se ha decretado que la gente manda.
Se ha decretado que la gente manda.
Escucha:
Creo que todo lo que soñamos
Puede suceder si nos unimos.
Podemos cambiar el mundo,
Podemos revolucionar la Tierra.
Tenemos el poder,
La gente tiene el poder.



Disculpen los lectores la traducción chapucera. Disculpen, asimismo, que no les atienda como merecen.


Un dolor chiquito


Puedes dar un puñetazo en la mesa, que es apenas sensitiva. Mejor, en la parte que acolchan papeles como máscaras. Una saeta de polvo y tinta refulge un instante antes de caer, adormecida, tristemente exangüe, casi una víctima fallida de celulosa, sobre la alfombra, que es ya de todo menos persa.

Mientras, aligeras venteando en la oquedad de la sala ese residuo vacacional que te sonríe aterido y te convoca a celebrar, con más miel que acíbar, el triunfo y la ruina de una libertad pequeñita acechada por la mesturera rutina. El susurro, como de hojarasca, el tarareo, que no llega a tonada ni oración siquiera, aterriza sobre el papel saeta, el papel víctima.

En el papel podría estar escrita la historia de una paz premiada que revienta de armas, la mala conciencia de dejar, o no dejar, esa es la cuestión, morir de hambre a quien representa, o no representa, esa es otra cuestión, a una tierra y unas gentes preteridas. La mala conciencia de ignorar cómo se cierra y quema un nudo sobre una nuca.

Podrías raspar las letras para corregir el palimpsesto, que parece una llaga, pues has de recordar que bajó al infierno de la alfombra convertido en flecha o cucurucho sin divulgar ni ocultar su condición de viejo poema inacabado o de apunte inútil, pero vital; raspar, decía, y escribir que hay quien muere de inanición o de olvido, cómo eran los nombres de esos hombres, mientras calientas la cena.

Vuelve, vuelve a raer o roer y anota, mientras desaparece el rastro cursivo de un cuerpo que vuela por un acantilado, para convencerte de que, en realidad, no lo sabías o lo habías soñado. O, mejor, que no te cabe culpa en la zaranda, o zarabanda, de premios rutilantes de trilita, ni en los fosfatos despojos de todo un pueblo. Que mañana tienes que madrugar pese a todos los golpes propinados en los rincones o secciones, nombrables e innombrables, de esta mesa apenas sensitiva que se queja.

El dolor, un dolor chiquito de zurrador de badana o de alfombras casi persas, te conmueve. Así que, poco a poco, no sea que se despellejen, frotas tus manos con suavidad egoísta y cansina. Miras con encono la mesa quejosa y, con aplomo, el papel que espera ser retorcido después de alzado de la pelusa y convertido, de nuevo, en airoso, o menesteroso, qué mas da, proyectil. Esta vez no brillará tanto, pero, quizá, su caída, con un poco de suerte y maña, obtenga una cálida respuesta en el eco de la papelera.



FIRMA POR LA SEPARACIÓN IGLESIAS - ESTADO
 
ir arriba